Idea de Negocio: Canchas sintéticas de fútbol

canchas sinteticas“La pelota no se mancha”, dijo Diego Maradona hace algunos años en su partido de despedida, y aunque el fenómeno no esté ligado a las palabras de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, ocurrió vertiginosamente.

Hoy los adolescentes cambiaron las plazas de sus barrios por las canchas de césped sintético, que le dieron un poco más de aire a las ciudades.

 

Un nuevo paradigma

Las calles de los barrios ya no son las mismas; los niños apenas se pasean con sus juguetes, y muy pocos los hacen con balones como sí podía verse varios años atrás. Los portones de los garage ya no seducen como arcos de fútbol cuando puede tenerse uno de verdad.

Las canchas de césped sintético han cambiado el paradigma del deporte. Ya no es necesario irse a las lejanías de la ciudad para jugar un partido, ni tampoco ser socio de un club. Si a la mañana una persona se levanta con ganas de jugar, con un mínimo quorum de “players” por la tarde ya puede hacerlo. Y no hace falta que sean 22 como en los terrenos tradicionales, porque las propuestas van desde los 5 de cada lado, pasado por los 7 y 9. Todo en medio de las autopistas o a pocos minutos de oficinas y casas.

 

Quienes practican el deporte han visto la oportunidad de hacerlo más frecuentemente, incluso en turnos semanales fijos, dejando atrás las de salón (divertido y pasional también, pero diferente en detalles como tamaño de pelota y complicado para quienes no tiene al 100 porciento sus rodillas o tobillos). Estas permiten a los jugadores tener más espacios, correr más, y no tener que entrar en el ritmo frenético del parquet. Y un poco de aire libre tampoco viene mal de vez en cuando.

El auge de este tipo de negocio fue tan grande que las empresas de indumentaria deportiva tuvieron que destinar más recursos a la fabricación de botines con tapones (en el fútbol de salón no se utilizan) pero no tan grandes como el césped real.

 

La pasión como un negocio

El fútbol es un negocio. Los jugadores de las primeras ligas en casi todos los países del mundo viven exclusivamente del deporte, y sus salarios suelen estar por encima del ingreso pér cápita de la población. Ni hablar de los de élite, que ganan lo suficiente para nuestras próximas 18 vidas. Pero los principales financistas del fútbol son sus fanáticos; si lo pensamos bien, estamos invirtiendo en él cada vez que alquilamos para jugarlo, cada mes que pagamos una cuota social de neustro club, por cada camiseta, buzo, remera o short que compramos, con cada entrada a un estadio que pagamos e incluso cuando prendemos el televisor y sintonizamos un encuentro estamos aportando a su creciente audiencia que luego los auspiciantes transforman en nuevos y suculentos ingresos. Y cada vez se mueve más dinero porque sus clientes no dejarán de gastar en el fútbol.

Peor cuidado, siempre hay un mercado que debemos analizar. Construir canchas de sintético para alquilar a quienes quieran jugar puede ser una oportunidad redonda como una pelota, o decepcionante como perder una final. En primer lugar, las sociedad tienen poblaciones; si en un pueblo hay mil habitantes, de los cuales el 50% son hombres y sólo el 20% de ellos practica el deporte (hablamos de 100 personas), no habrá mucho lugar para más de una, a menos que se decida entrar en una feroz competencia de suma cero.

No sólo hay que considerar la población y la cantidad de gente que puede llegar a practicar el deporte, sino también la cantidad que ya han sido inauguradas y sus propuestas. Puede que en una ciudad podamos elegir entre 15 canchas de césped sintético, pero todas ellas requieran entre 9 y 11 personas para cada equipo. ¿Y si sólo somos 5 de cada lado? La apertura de este negocio implicará apuntar a un mismo sector del mercado (los practicantes del fútbol) pero podríamos como el ejemplo demuestra destinar nuestros esfuerzos a otro segmento (aquellos que prefieren jugar en cancha más chica). Todo esto puede y debe surgir de una investigación de mercado.

 

La inversión inicial, el mayor obstáculo

Así como las mujeres más deseadas suelen tener sus pretensiones y exigencias, las oportunidades de inversión más destacadas no siempre son fáciles de llevar a cabo. Para introducirse en el negocio es necesario un buen capital de entrada, además de encontrar el inmueble para invertirlo.

Los terrenos en las ciudades no suelen abundar; los pocos disponibles son adquiridos para las grandes construcciones como también explotados como playas de estacionamiento. Los galpones suelen ser una alternativa. Sea en una operación de compra o de alquiler, el desembolso inicial para hacerse el inmueble suele ser oneroso.

Si es una transferencia, deberemos tener en cuenta comisiones de corredores inmobiliarios, impuestos, sellos y escrituras, además de la erogación propia del valor del inmueble; si en cambio se trata de una locación hay que considerar comisiones, depósitos, meses por adelantado, impuestos y muy probablemente garantía propietaria.

La gracia de la ubicación de la cancha es que sea accesible al público que apuntamos, debe estar en la ciudad, ya que saliendo de ella la competencia probablemente sea mayor, y la posibilidad de acaparar clientes se reduce.

Una vez disponible el inmueble, será momento de trabajar en la puesta a punto de la cancha para que cumpla con los requisitos de satisfacción de los potenciales clientes y más.

 

El puntapié inicial

Hemos visto que el negocio en sí, puede adaptarse según la demanda y la competencia. Antes de decidir qué tipo y tamaño de canchas elaboraremos deberemos tener bien definidos los competidores que hay en el mercado; en ese interín podremos ver más claramente las dimensiones de los terrenos de juego que nos serán convenientes.

También dependerá, claro está, de las medidas del inmueble, pero en la mayoría de los casos los campos de fútbol son adaptables. Por ejemplo, puede que tengamos que decidir entre hacer dos canchas para equipos de 5 jugadores, o una para conjuntos de 10. En lo económico no difiere ya que nuestra ganancia estará dada por jugador.

No hay misterio en esto, deberemos acudir a las principales herramientas de investigación de mercado para conocer la coyuntura y decidir en base a ella. Y si queremos tener un plus en cuanto a las definiciones estrictamente arquitectónicas, de construcción y desarrollo de los campos de juego, no estaría mal consultar a profesionales con experiencia en la temática y a personas con trayectoria en el deporte.

 

Colaborando con el “jogo bonito”

La mayoría de los libros de marketing tradicionales hablan de ciertas variables a partir de las cuales podemos destacarnos respecto de la competencia; Kotler habla de precio, plaza, producto y promoción. En este caso confluye un poco de cada uno de estos factores.

Más allá de las dimensiones de los campos, según las posibilidades del inmueble podemos pensar en ofrecerlos al aire libre o bajo techo. La primera opción puede ser más cómoda en verano y significa una merma significante en la demanda los días de frío y lluvia, mientras que la segunda requiere sumar otro monto a la inversión inicial y planificarla bien para una adecuada ventilación.

También un techo demandará iluminación artificial, que al aire libre sólo sería utilizada por la noche. Será entonces nuestra tarea comparar la pérdida por los días de lluvia en las canchas al aire libre con el gasto en el que incurriríamos pagando luces para las canchas internas.

Encontrar el equilibrio entre la seriedad con la que se puede tomar un partido un cliente y su nivel de profesionalidad es vital para decidir las medidas de los arcos. Porque los arcos que incluyamos en las canchas pueden ser idénticos a los profesionales, pero podrían atentar contra las posibilidades físicas de los amateurs. Algunas empresas prefieren arcos un poco más acordes a las posibilidades de sus jugadores pero lo suficientemente grandes como para no perder el atractivo. No sería mala idea nuevamente consultar a una persona con experiencia en el deporte.

El mantenimiento de los campos de juego podría darnos un plus respecto a competidores. Los jugadores saben diferenciar los buenos terrenos de los mediocres; el exceso de caucho para evitar erogaciones en panes de pasto sólo estirará la agonía y finalmente significará menos clientes. Será más saludable para nuestro negocio prever una erogación mensual por mantenimiento de los céspedes sintéticos.

La disponibilidad de vestuarios y su higiene adecuada, un buffet con productos para deportivas, y precios por jugador que no difieran de la media en el mercado nos asegurarán un mínimo de partidos mensual interesante.

Pero tome nota, señor inversor: nunca, jamás en la vida, su negocio tendrá éxito sin satisfacer la clave: los balones deben ser muy buenos. Puede construir el estadio Morumbí, pero si las pelotas de fútbol que ofrece no son buenas o están en mal estado, los clientes percibirán una calidad inferior que la que realmente ofrece con su producto.

Como hemos dicho, el fútbol es un deporte con financistas movidos por la pasión, y si es necesario pagarán más por tener un buen balón en una buena cancha; y en ese punto, la esencia del deporte y del negocio, es donde no se debe fallar.

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